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Políticas y responsabilidades: lo que España y Europa deben hacer para reducir el riesgo de incendios

La Unión Europea ha desarrollado en los últimos años un marco de acción ambicioso en materia ambiental y climática. El Pacto Verde Europeo y la Estrategia de Biodiversidad 2030 incluyen objetivos claros:

  • Aumentar la superficie forestal gestionada de forma sostenible.
  • Reforestar con especies autóctonas.
  • Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero vinculadas al uso del suelo.

Además, programas como LIFE o el Plan de Recuperación para Europa han destinado fondos significativos a proyectos de restauración y gestión forestal.

Sin embargo, existe un desfase entre la ambición y la realidad. La financiación es limitada y muchas veces no llega a los pequeños propietarios o a las comunidades rurales. Además, la implementación varía enormemente entre países, generando desigualdades en la protección de los bosques europeos.

España: un país forestal sin política forestal sólida

España es uno de los países con mayor superficie forestal de la Unión Europea: más de 18 millones de hectáreas arboladas, lo que supone cerca del 37 % del territorio. Sin embargo, gran parte de estos bosques carecen de una gestión activa.

El Plan Forestal Español, aprobado en 2002 y con horizonte hasta 2032, lleva más de dos décadas pendiente de una actualización realista. En la práctica, las competencias están transferidas a las comunidades autónomas, lo que genera una enorme disparidad en estrategias, presupuestos y prioridades.

Este mosaico normativo provoca que algunos territorios cuenten con herramientas avanzadas de prevención y gestión, mientras que otros apenas dedican recursos a ello. El resultado: un territorio descoordinado frente a una amenaza que no entiende de fronteras administrativas.

La balanza desequilibrada: extinción frente a prevención

Uno de los mayores problemas estructurales en España es la distribución del gasto público: alrededor del 70 % se destina a extinción y apenas un 30 % a prevención.

Esto refleja una cultura política reactiva: se prioriza el espectáculo de los medios aéreos y la extinción “in situ”, mientras que la inversión en silvicultura, pastoreo o reforestación preventiva queda relegada.

El Tribunal de Cuentas y diversas organizaciones ecologistas llevan años advirtiendo de que este modelo es insostenible. Cada año los incendios son más intensos, más caros y más peligrosos para las brigadas. Sin un cambio en la balanza, la extinción será cada vez menos eficaz.

El papel de las comunidades rurales y los propietarios privados

Un 67 % de la superficie forestal española es de titularidad privada. Esto convierte a los propietarios en actores clave de la prevención. Sin embargo, la mayoría carece de recursos para gestionar sus fincas y no existen suficientes incentivos para hacerlo.

La política forestal debería:

  • Ofrecer subvenciones directas a planes de gestión y silvicultura preventiva.
  • Crear agrupaciones de propietarios forestales que permitan gestionar grandes superficies de forma coordinada.
  • Fomentar el aprovechamiento económico (resina, biomasa, ecoturismo) para evitar el abandono.

Las comunidades rurales también son fundamentales. Recuperar el pastoreo, mantener mosaicos agroforestales y reactivar usos tradicionales del monte reduce el riesgo de incendios y devuelve dinamismo económico al territorio.

Medidas urgentes para una política eficaz

Para que España y Europa avancen hacia una verdadera reducción del riesgo de incendios, es necesario un paquete de medidas integrales:

  1. Reorientar el gasto público: aumentar progresivamente la inversión en prevención hasta al menos un 50 %.
  2. Planes de gestión obligatorios: exigir que toda finca forestal de cierto tamaño cuente con un plan de gestión actualizado.
  3. Incentivos fiscales y económicos: compensar a quienes gestionen sus bosques de forma sostenible (por ejemplo, mediante créditos de carbono).
  4. Educación y sensibilización: campañas que expliquen a la ciudadanía que los bosques no se mantienen solos.
  5. Investigación y tecnología: invertir en teledetección, sistemas de alerta temprana y modelización del riesgo.
  6. Restauración post-incendio planificada: reforestar con especies autóctonas adaptadas al clima futuro, no solo replantar indiscriminadamente.

Colaboración público-privada: implicar a empresas en proyectos de gestión y compensación de emisiones.

Ejemplos internacionales: lecciones que aprender

Otros países mediterráneos han adoptado políticas inspiradoras:

  • Francia: ha desarrollado zonas de interfaz urbano-forestal (ZIFU) con normativas estrictas para mantener perímetros limpios en áreas de riesgo.
  • Italia: ha impulsado cooperativas de pequeños propietarios forestales que gestionan de manera conjunta bosques fragmentados.
  • Grecia: tras los devastadores incendios de 2021, el gobierno ha duplicado el presupuesto en prevención y ha lanzado planes de empleo rural vinculados a la limpieza de montes.

España puede y debe aprender de estas experiencias para adaptar sus propias políticas.

Arkhenos: puente entre la política y la práctica

Las políticas forestales solo tienen sentido si se traducen en acciones concretas en el territorio. En Arkhenos trabajamos precisamente en esa intersección:

  • Asesoramos a administraciones públicas en la elaboración de planes de prevención y restauración.
  • Diseñamos proyectos de gestión sostenible que integran los objetivos de conservación con la rentabilidad económica.
  • Acompañamos a propietarios privados en la creación de planes de ordenación forestal adaptados a la normativa.
  • Facilitamos proyectos de compensación de carbono que conectan a empresas con la gestión responsable de los bosques.

Nuestra visión es clara: las políticas deben servir para que el bosque sea gestionado de forma real y efectiva, no solo sobre el papel.

Los incendios forestales seguirán siendo una amenaza creciente mientras no se produzca un giro político decidido hacia la prevención. España, pese a ser un país forestal por excelencia, carece aún de una estrategia sólida y coordinada que convierta la gestión forestal en un pilar central de las políticas públicas.

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