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Inundaciones en Andalucía: la planificación hidrológico-forestal es prevención, no opción

Las recientes inundaciones en Andalucía no son solo consecuencia de lluvias intensas. Son también el resultado de cómo gestionamos —o dejamos de gestionar— nuestro territorio.

El cambio climático intensifica los episodios extremos. Pero el impacto no depende únicamente de la cantidad de agua que cae, sino de la capacidad del suelo y las cuencas para absorberla, regularla y frenarla.

Cuando los montes están degradados y las cuencas no se gestionan adecuadamente:

  • Aumenta la escorrentía.
  • Se incrementa la erosión.
  • Los cauces se saturan antes.
  • El riesgo de inundación se dispara.

Aquí es donde entra la planificación hidrológico-forestal.

No es una cuestión ambiental abstracta. Es una herramienta estratégica de prevención. Restaurar cuencas, mejorar la cubierta forestal y actuar en cabecera reduce los picos de caudal aguas abajo y protege núcleos urbanos, infraestructuras y actividad económica.

Durante años hemos priorizado soluciones reactivas: encauzamientos, obras de emergencia, reconstrucciones. Son necesarias, sí. Pero si no actuamos en origen, seguiremos corriendo detrás del problema.

La infraestructura verde —bien planificada y mantenida— es una inversión en seguridad territorial.

Andalucía necesita integrar de forma decidida la planificación hidrológica y forestal en su estrategia climática y territorial. No como medida puntual tras cada episodio extremo, sino como política estructural y estable.

Porque cada euro invertido en prevención evita costes mucho mayores en emergencias.

La pregunta no es si volverán las lluvias intensas.
La pregunta es si estaremos preparados.

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