En el imaginario colectivo, cortar árboles sigue siendo visto como una amenaza para la naturaleza. Sin embargo, la realidad de nuestros montes es mucho más compleja. En el contexto del cambio climático, el abandono rural y el aumento de los grandes incendios, realizar tratamientos selvícolas y aprovechamientos de madera y biomasa no solo es compatible con la conservación, sino que resulta imprescindible.
Una gestión forestal activa para montes más sanos y resilientes
Los tratamientos selvícolas (clareos, claras, podas, resalveos) son intervenciones planificadas que mejoran la estructura del bosque, reducen la competencia entre árboles y favorecen el crecimiento de los ejemplares más vigorosos. Esto no solo aumenta la biodiversidad, sino que también reduce la carga de combustible vegetal, disminuyendo el riesgo y la intensidad de los incendios forestales.
Lejos de ser una agresión, cortar ciertos árboles permite regenerar el ecosistema y adaptarlo mejor a las nuevas condiciones climáticas. Un bosque sin gestión puede volverse más denso, vulnerable a plagas y enfermedades, y perder capacidad de captación de agua y carbono.

Aprovechamientos madereros y de biomasa: valoración sostenible del recurso forestal
El aprovechamiento responsable de madera y biomasa contribuye a una economía baja en carbono, sustituyendo materiales y energías más contaminantes. Además, genera empleo local, fija población en el medio rural y da valor a unos montes que, si no se gestionan, pueden convertirse en un riesgo ambiental.
La clave está en la planificación y el equilibrio: extraer recursos sin comprometer la regeneración ni los servicios ecosistémicos. Los selvicultores y gestores forestales trabajan con criterios técnicos y ecológicos que garantizan la sostenibilidad de estas actividades
Conservación no es abandono: cambiar la narrativa forestal
Es necesario cambiar la percepción social que asocia intervención con destrucción. Conservar no significa dejar el bosque intacto, sino actuar para que siga cumpliendo sus funciones ecológicas, sociales y económicas.
Divulgar los beneficios de la gestión forestal sostenible es clave para que la ciudadanía comprenda que cortar árboles, cuando se hace con criterio, puede ser una forma de proteger el bosque, no de destruirlo.
La selvicultura es una herramienta al servicio de la conservación. Lejos de poner en peligro los ecosistemas, los tratamientos selívcolas y los aprovechamientos bien gestionados son una apuesta por su futuro. En un escenario de emergencia climática, apostar por la gestión activa de nuestros montes es una decisión tan ecológica como necesaria.